En un primer artículo me referí a la historia del período cuaresmal, de preparación a la Pascua anual y su celebración.
Ahora quiero enfocar el significado del origen de la Cuaresma, en el día que la tradición ha identificado como Miércoles de Ceniza. Precisamente se desea valorar el acabamiento del trienio de carnaval. Los restos paganos del carnaval indican un apego al mundo y a sus equívocos valores; en el inicio de la Cuaresma se expresa el auténtico sentido de la vida humana y su precariedad. La ceniza es lo que queda, un despojo; al imponerla sobre la cabeza, la liturgia emplea dos fórmulas. La más antigua reza: «Recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás». Durante siglos, en el inicio de la Cuaresma, la Iglesia ha iluminado la realidad de la vida humana, despertando la memoria de lo que ésta auténticamente es. Me parece algo esencial, porque el desarrollo incesante y la perspectiva progresista alimentan una ilusión que los hechos desmienten. La tradición católica ha ofrecido un servicio cultural de primer orden para todos los pueblos. Ese servicio cultural es prestado a la Argentina actual.
La segunda fórmula de la imposición de la Ceniza se refiere al valor específicamente cristiano: «Conviértete y cree en el Evangelio». La conversión implica reconocer la realidad del pecado como daño de la humanidad del hombre, y el volverse a Dios que se ha revelado en Cristo como Redentor de todos los hombres. Este «volver» vale, también, para quienes se creen cristianos porque están bautizados y pertenecen nominalmente a la Iglesia. Se trata de un valor individual (personal) pero también social.
Los pueblos cristianos deben renovar su condición evangélica, que ha de impregnar toda la cultura. El Evangelio es el anuncio y la presencia del Reino de Dios, destinado a todos los hombres y pueblos, aunque se presenta como un grano de mostaza; la más pequeña de todas las semillas. Basta considerar la vastedad del sembradío, pueblos y culturas deshumanizados, y los conflictos que surgen entre ellos. Es el deber de los cristianos ofrecer el mensaje evangélico, que contiene el designio redentor, a todos los pueblos del mundo. A ellos está destinado como Verdad y como Vida. Cada Pascua se renueva el ofrecimiento de la Verdad y la Vida en Cristo, muerto y Resucitado, que volverá para juzgar a quienes acepten o rechacen su ofrenda. En realidad, cada Misa es una Pascua, y un anticipo del Reino que no tendrá fin.
+ Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata.
Buenos Aires, miércoles 25 de febrero de 2026.
Santo Tiempo de Cuaresma. -







